LOS PAPELES DE JULIO MARTEL: UNO MÁS UNO

Por: Adalberto Agudelo Duque

La reciente pitatón convocada por los jefes de “ese” partido nos dejaron perplejos: las imágenes de la TV nos mostraron personas de cultura muy básica, creo que ni siquiera bachilleres, a bordo de motos y bicis. Y, por supuesto, automotores de diversas gamas. Desde blindados con poderosos motores y llantas de fuga y camionetas oscuras, ostentosas, sospechosas, hasta pichirilos y “amasaos”. La pregunta es si esos vociferantes pitadores, seguidores  ciegos de los jefes nunca fueron víctimas o perjudiciarios de la ley 100, por ejemplo, cuyo ponente en El Congreso, como senador entonces, fue el hoy famoso expresidente que nos gobierna a través de segundos y terceros y cuartos. Vivimos la misma escena del caso Arias Cabrales y aquí, cerquita, en las calles manizaleñas, en el sonado expediente Toro Carvajal.

Lo que se ve detrás de las cortinas, es una Colombia desarticulada, sin identidad, sin cultura, sin principios. Y lo que es peor, sin líderes que le apuesten a la justicia, la igualdad, el futuro. Las consecuencias del caso Arias Cabrales no se hicieron esperar: en barriadas humildes, marginales, en caseríos lejanos, las comunidades se enfrentaron a la policía para defender hampones con órdenes de captura por robo, asesinato, violación. Infractores de la ley arriba. Infractores de la ley abajo. No importa cuánto dinero, cuánto poder político y de convocatoria tengan los de corbata, la justicia los iguala, o debe igualarlos, con el mismo rasero. Un propietario de 1.000 quilómetros cuadrados, si asesino, es igual al sicario que mata por la paga. Un funcionario público que roba, miente, engaña, está en el mismo plano de un analfabeta que roba, miente, engaña, por costumbre, necesidad o trabajo pues ha convertido su actividad delicuencial en un modo de vida o de sobrevivencia. Como los políticos corruptos. Como los ministros que roban para otros. Como los exs que mienten para hundir a otros. Simple cuestión de ejemplo o de igualdad. Si el de arriba puede el de abajo también. Pero uno más uno dos. La casa por cárcel al ex debe tener una explicación. Claro. Una semana antes de la providencia, se difundió una carta anónima, y cómo no, con acusaciones muy serias a los magistrados por acoso sexual y laboral. El propósito obvio ¿desprestigiar de antemano a los máximos jueces de la república? ¿Manipular el proceso o los procesos contra el gran jefe? Algo se olieron en las cortes. Y un expediente de 1554 páginas no puede estar equivocado, no da lugar a dudas, no debe contener, en principio, falsos testimonios o testigos comprados. Lo que queda a la vista es que el gran perdedor, hasta ahora, es el tal Granados, tristemente célebre por el caso Colmenares, uno de los episodios más extraños de la criminología colombiana.

COLOFÓN.

Los pitatonistas olvidan o no saben o quieren no saber que la ley 100 del ex propició la muerte de 1’300.000 personas. Todas evitables según los sabios. Y el robo de billones de pesos de los aportes a salud en manos de las EPS. Según los estadígrafos.