Por: Adalberto Agudelo Duque

A propósito de la publicación de SIMÓN BOLÍVAR, LA MÁS GRANDE MENTIRA DE LA HISTORIA, circulan por las redes sociales algunos artículos que pretenden defender “la obra” del amo de San Mateo, el dictador, sociópata, esquizofrénico, invasor de Nueva Granada, Ecuador, Perú… No dicen nada nuevo. Repiten lo que ya dijeron otros y no los citan. Mucho menos explican los genocidios, las matanzas, las masacres ordenadas por él o cometidas en su nombre por sus secuaces. Tampoco responden preguntas cruciales: los porqués, los cómo, los quiénes de las conspiraciones de 1828; la trampa tendida por Páez con el Proyecto Cosiata; la barrida a escobazos, con el Batallón Callao, en el Perú de Agustín Gamarra.

Insisten en la falacia absurda, monumental, de La Gran Colombia, una empresa descabellada que solo existió en la mente febril, signada por la locura, de don Simón. ¿Cuántos años duró? ¿Cómo se desmoronó? ¿Quién, más que Bolívar, fue el culpable del derrumbamiento? Olvidan, o no saben, o disfrazan el hecho de que La Gran Colombia nació muerta en la Constitución de 1821, una reunión de poca monta, sin importancia, con pocos delegados, solo aceptados por el caraqueño, en la que se discutieron asuntos previamente resueltos por el ya decadente correcaminos como lo llama Martínez Zulaica.

¿Qué aportan los teólogos de Bolívar? Ni siquiera Cacua Prada, el más virulento catequista del mito, explica el problema de la esclavitud de los negros, o afrodescendientes como debe decirse ahora, la más terrible máscara, la más perfecta cortina de humo para eludir el sometimiento de los indígenas convertidos en esclavos desde el doce de octubre de 1492, ese nefasto día en que Colón se arrimó a Las Américas acompañado de “marinos” rescatados de las cárceles de España.

Sin paga, sin derechos, sujetos a todas las crueldades que los europeos habían practicado con sus siervos,los aborígenes fueron vejados, humillados, reducidos a la servidumbre, léase esclavitud, en las grandes casas señoriales de Santafé de Bogotá, Cartagena, Santa Marta, Mompox, Tunja… A trabajar de sol a sol en las inmensas extensiones de los terratenientes españoles y criollos. ¿Habló alguna vez el sátrapa de San Mateo de la libertad de los indígenas? ¿La mencionan sus apologistas? Esa esclavitud parecía natural, inherente al dominio del blancaje español o de sus descendientes. Luego ¿a quién libertó Bolívar? A los blancos, hidalgos españoles descendientes de españoles rebelados contra la patria potestad de sus mayores. Pero no a los indígenas, no a los negros, no a los siervos enganchados desde España en su condición de esclavos adscritos a la nobleza. No a los campesinos, artesanos, “blancos de todos los colores” dependientes del virrey y su corte.

COLOFÓN. Como en los tiempos del déspota Bolívar, somos una colonia de Venezuela.