LOS PAPELES DE JULIO MARTEL:  LA PATRAÑA DEL 7 DE AGOSTO

Por: Adalberto Agudelo Duque

Entre los días “memorables” que nos obligan a celebrar, la más importante, tal vez, es la del 7 de agosto. Doscientos y un años de una patraña montada por los catequistas del amo de San Mateo, el sátrapa extranjero que se tomó a sangre y fuego a Santafé de Bogotá con un ejército de esclavos, siervos, aborígenes, campesinos, artesanos reclutados por la fuerza. Patraña digo, porque la tal llamada batalla del Puente de Boyacá no pasó de ser una escaramuza magnificada por la ceguera de los historietistas que no quisieron ver, oír, discutir los acontecimientos. El 7 de agosto de 1819 no se selló la independencia de ningún territorio. Se consolidó sí la invasión a La Nueva Granada por parte de los venezolanos comandados por el caraqueño que necesitaba a Santafé de Bogotá como punto de partida, avituallamiento y vanguardia para emprender las campañas del sur a imponer su voluntad.

Las cifras, si son ciertas, lo dicen todo. En el famoso puente se “enfrentaron” dos ejércitos: el “patriota” de 1.600 soldados, LA MAYORÍA VENEZOLANOS, y el “realista” o “español” de 3.000 hombres, TODOS VENEZOLANOS. Es decir que allí se enfrentaron padres e hijos, hermanos, primos, tíos, familias enteras que no sabían la razón de su lucha. La historieta, otra vez, nos cuenta que batallaron cuatro horas al cabo de las cuales se contaron un muerto, 19 heridos y la captura del general Barreiro, un muchachito de 26 años, supuestamente por José Pascasio Martínez, niño de escasos doce años que era acompañado, en ese momento, por un soldado adulto, africano, esclavo, enrrolado, como Martínez por la paga del saqueo o la libertad.

¿Y cabían en ese precario espacio tantos hombres en batalla? Consultado un militar de los de ahora me afirmó que no era posible so pena del riesgo del fuego amigo. Y sí. Las cifras no concuerdan. Santafé de Bogotá, Quito, Lima, Caracas no tendrían, en esas fechas, más allá de 20.000 habitantes cada una. ¿Podrían sostener un ejército de 3.000 hombres? ¿Cuál la logística? ¿Dónde alojarlos? ¿Como vestirlos? ¿Con qué alimentarlos? ¿Cuáles las armas de dotación?

En resumen, ni la magnitud ni el significado del evento encajan en la lógica. Un mes más tarde, en septiembre de 1819, el sátrapa de Caracas inaugura un régimen dictatorial, despótico, inhumano, llamado por Alfredo Vásquez Cobo, Presidencia Imperial, sistema de gobierno que “no procede de la voluntad popular sino de una victoria militar”, si se quiere otra mentira más pues el amo de San Mateo no participó en esa escaramuza. Apareció, horas después de consumada, a bordo de una resaca de vino, esa sí monumental, memorable y escandalosa, pues había pasado la noche anterior en una fiesta ofrecida en su honor en Tunja en una de las señoriales mansiones del pueblito de entonces.

Por ahí andan los datos. Consulten y verán.