LOS PAPELES DE JULIO MARTEL
Por IVÁN DE SUÉMOX
Si sumamos todas las minorías, encontramos la verdadera mayoría.  El término minoría es el primer atentado de la lengua imperante sobre las comunidades singulares.  La palabra minoría nos hace creer que valemos menos, que nuestra voz cuenta poco, que nuestra desaparición es ignorable.  Si sumamos todas las especies en vías de extinción, todos los pueblos en olvido, los testimonios culturales vivos,  las tradiciones locales, las lenguas nativas,  los territorios autónomos,  los seres escasos,  los humanos con cualidades fisiológicas exaltadas, los ecosistemas amenazados,  los retoños huérfanos sin nombre ni registro… todas las culturas nacientes, originales y antiguas, singulares y escasas, endémicas y localizadas…  los pequeños, los nunca nombrados, los escondidos, los maltratados, las inocentes, las malpagas, los esclavos, las criaturas raras, los no negociantes……….  somos la verdadera mayoría.  Minoría es un nombre que segrega, empobrece, separa, perpetúa la condición desfavorable. Para el cosmos, lo escaso es valioso, lo singular es predilecto, lo exótico es protegido.

La verdadera mayoría, hasta ahora valorada, es la que produce el sustento para que los gobiernos hagan su labor. Todos los no “aptos para elegir” si somos aptos para producir, estamos acá floreciendo, madurando frutos, preparando el alimento, limpiando, cuidando la naturaleza, creciendo si somos niños, estudiando si somos jóvenes, cultivando paz si somos ancianos, confiando en este país si somos extranjeros, tratando de sanar si estamos enfermos, teniendo fe si vivimos lejos… Todas las criaturas que por principio, dificultad, ignorancia o incapacidad personal, cultural o jurídica, no podemos o no se nos facilita intervenir en el devenir político de las regiones, IGUAL ESTAMOS HACIENDO NUESTRA PARTE.  El hecho de no participar en sus fiestas, campañas y batallas no significa que seamos indiferentes, ignorantes, desadaptados o perezosos, quizá significa que estamos tan ocupados cultivando que no nos alcanzan las ganas para escuchar promesas rotas y nos cuesta creer que poniendo una equis en un papel, el país va a mejorar.

Sin embargo, es de saber y difundir, que las decisiones de TODAS Y CADA UNA de las personas que intervienen en la cadena de gobierno deben estar en función de nuestro beneficio.  Si la democracia fuera entendida, se sabría que es en la verdadera mayoría donde radica el propósito y necesidad de un gobierno. El concepto de gobierno nació en función de proteger y favorecer a esa inmensidad de seres que carecen de fortalezas frente a lo despiadado. Cientos de millones a quienes no se les reconoce palabra, voto o permiso para hablar.

Inicialmente parece poco importante esta observación pero entendamos esto:  Un jefe le exige a sus empleados porque les paga. Ese pago le da permiso para definir las tareas y cumplimientos. Así mismo, el pago a los gobernantes proviene del bolsillo de los pobladores y por lo tanto los gobernantes y todos sus seguidores son sus empleados. Todo estado, república, reino o imperio se sostiene “gracias a una cadena casi infinita de seres” que se esfuerzan diaria y generacionalmente, para mantener el alimento vivo en las mesas  y el calor en los hogares. Dado lo anterior, los no votantes tenemos el derecho a vivir bien sin necesidad de acudir a la estrecha hendija de una urna o proceso documental. Nuestra labor y nuestra obra ya está hecha, mucho antes de las promesas y sin importar si cumplen o no con ellas. Solo falta que TODAS Y CADA UNA de las personas encargadas de las administraciones territoriales cumplan con su parte y empiecen a tomar decisiones para el beneficio y justa compensación hacia la gran mayoría.

No necesitamos tener un registro, número de serie o código de barras para que nuestro sonido, canto o grito sea tenido en cuenta. No necesitamos un número de cédula para cada ave, árbol o especie de un territorio:  EL DERECHO A LA VIDA ES PARA TODOS LOS SERES VIVOS. Tal como lo insinúa su mismo código mayor que es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.  Humanos viene de humus, nacidos del humus: plantas, animales y personas, todos venimos del humus, todos somos humanos y gozamos de los mismos derechos. Es complejo, extenso y quizá tortuoso aceptar esto pero, mientras no se haga, nuestro sistema de vida estará parado en una ley injusta, que es como una belleza fea, una medicina que enferma o un amor que traiciona, solo ilusiones y falsedades devenidas en tragedia.

En una relación contractual, cuando una de las partes incumple, normalmente libera a la otra, incluso debe pagar por su incumplimiento. Así mismo, si los entes de la ley fallan, el pueblo se libera de cumplir.  Si un pueblo deja de cuidar la naturaleza, la naturaleza deja de cuidarlo. Si las decisiones de unos pocos ofenden a una gran mayoría se despierta la rabia de algo incontrolable. De ahí que en las tradiciones originales a lo amplio del globo, entienden que el mal clima, las pandemias y la mala fortuna de los territorios son simplemente la consecuencia de malos gobiernos.
Queda aquí declarada entonces, la insurrección de las minorías que es en realidad una resurrección, pues, de ahora en adelante, en cada quien que lea esto, nacerá el concepto de la gran mayoría y del cuidado que merece.