Por: Catalina Sarrabayrouse/copalibertadores

En 2004, contra todos los pronósticos, Once Caldas logró el título de la Copa Libertadores, luego de realizar una brillante campaña, en la que fue escalando peldaños para dejar en el camino a los mejores elencos del momento de Brasil y Argentina.

A Once Caldas muchos lo llamaron “la cenicienta del torneo” , una expresión muy común en el fútbol para referirse al equipo menos favorito, pero el conjunto colombiano demostró en 2004 ser mucho más que eso. Nada de convertirse en calabaza, ni príncipe que le dé una corona. Ese año Once Caldas fue el rey de la Copa gracias a su propio esfuerzo: venció en la final al Boca de Bianchi el 1 de julio de 2004. Aquel equipo xeneize que era el campeón vigente y venía de conquistar tres de las últimas cuatro copas. Manizales celebró como nunca la consagración del segundo equipo colombiano que conquistó la CONMEBOL Libertadores después de Atlético Nacional.

Su gran fortaleza a lo largo del torneo residía en su propio castillo y la localía en el Estadio Palogrande era lo que hacía fuerte a este plantel.  Aun así, para llegar a enfrentarse en la gran final al último campeón Boca Juniors tuvo que sortear varios obstáculos.

El Grupo 2 no fue una tarea sencilla: los rivales fueron Unión Atlético Maracaibo, Vélez y Fénix. En Manizales lograba imponerse gracias a la fuerza de su gente y la magia de su castillo, pero luego de visitante la victoria se volvía más difícil. A pesar de las derrotas, terminó primero en su grupo y avanzó a los octavos de final.

Barcelona de Ecuador fue su rival en los octavos de final y la conquista se vio amenazada en esta serie. En la ida empataron 0 a 0 y en la vuelta 1 a 1. Los penales podían llegar a ser su Kryptonita, pero no.  Once Caldas demostró no solo no ser ninguna Cenicienta sino que la debilidad de muchos, no era la suya y avanzó tras ganar 4 a 2 desde los doce pasos.

Ante Santos en los cuartos de final igualó 1 a 1 en la ida y luego se impuso por 1 a 0. ¿En dónde? Claro, en su castillo: el Estadio Palogrande. En las semifinales también tuvo que medirse ante un equipo de Brasil y São Paulo también quería avanzar a la gran final. En la ida igualaron sin goles, pero la vuelta fue en la fortaleza de Once Caldas y con goles de Alcazar y Agudélo ganó 2 a 1 sobre la hora

La final era contra el campeón vigente, Boca venía de ganar la Copa en el 2003 y antes en 2001 y 2000. Carlos Bianchi quería otro trofeo en las vitrinas de La Boca, pero Once Caldas también tenía su objetivo: ser el segundo equipo de Colombia en alcanzar la gloria eterna.

La primera final fue el 23 de junio en La Bombonera y como solía ocurrir en los partidos de ida que disputaba Once Caldas finalizó en empate 0 a 0. La vuelta fue el 1 de julio, un día como hoy el Estadio Palogrande recibió a más de 40 mil espectadores y vivió una de las noches más tensas y apasionantes de su historia. El castillo de esta estigmatizada Cenicienta vio como Jhon Viáfara, una de las grandes figuras de aquel plantel, anotaba el 1 a 0 y luego Nicolás Burdisso igualaba el marcador dando lugar a la definición desde los doce pasos.

El Virrey tenía hecha su fama en las definiciones por penales, había demostrado en varias oportunidades que la suerte solía jugar a su favor en la instancia más tensa del fútbol, pero esta vez se le acabó la suerte. Ninguno de los cuatro pateadores del Xeneize pudo convertir y la figura del arquero Juan Carlos Heano fue clave. Despejó los tiros de Cascini y el definitivo de Franco Cángele. Henao, con su look al estilo René Higuita, y sus 33 años se lució y fue determinante.

En el equipo colombiano patearon Valentierra, Soto, Ortegón y Agudelo, pero solo Soto y Agudelo convirtieron. Los héroes de Once Caldas demostraron que no hubo Kryptontia que los pudiera vencer y que de Cenicienta tenían poco y mucho de garra y determinación. Un día como hoy hace 16 años atrás, Once Caldas le daba a Colombia la segunda Copa Libertadores y derribaba todas las especulaciones demostrando que el fútbol no conoce de Cenicientas sino de esfuerzo y deseo.